Saturday, January 03, 2009

M1 Eposiodio 3: Técnicas de Nieve en el Cerro Unión

Contenidos:
¿Debemos seguir adelante? Prólogo por el Hermano Coyhaiquino
Primer Acto: Voces en la Oscuridad y Atravesando las Brumas por la Mañana
Segundo Acto: La Sombra en el Horizonte Hace Temblar la Tierra
Intermezzo: Taller de Boulder con Claudio y Claudio
Tercer Acto: A las Tres a la Cumbre
Epílogo

¿Debemos seguir adelante?: Prólogo por el Hermano Coyhaiquino

Al cerrar los ojos, regreso mentalmente a la mañana del 3 noviembre. Salí de la ducha y encontré en mi teléfono un mensaje de Pablo preguntándome si tenía el número de Ernesto. Las horas pasaron rápidamente y una llamada tras otra la tragedia se iba tornando cada vez más real. Los fantasmas acechaban una vez más. El maldito calor del fin de semana asedió la ladera del San Francisco con una avalancha imposible de prever, llevando consigo al patagón, hacia lo profundo, hacia el extremo más absoluto, envolviéndolo solemnemente en blanco, con el estruendo de todo cuanto es incontenible.

Durante los últimos meses me había tomado la prerrogativa de gestionar las salidas que nos vedaron. Si lo hacía por un sentido de justicia o por un perfecto equilibrio entre deber moral y placer personal es algo que aún no tenía resuelto, pero estaba ahí y alguien debía hacerse cargo de que las cosas resultaran cómo Dios manda. Costara lo que costara. Por eso me repetí en silencio la pregunta una y otra vez: ¿cancelo la salida o insisto?

Nuestro hermano mayor estaba lejos. ¿Cómo iba yo a vulnerar su intimidad para obtener una respuesta? ¿Cuál respuesta? Después de todo, para él los últimos meses habían sido una noche demasiado larga y aunque el amanecer pareciera cerca, todos sabemos que esa es -precisamente- la hora más gélida de la jornada.

Habría que seguir adelante con el plan y confiar. Por todos y para todos. Así, después de una semana que en forma casi irónica nos habíamos propuesto tiempo atrás dedicarla a los primeros auxilios, llegamos al atardecer del 14. Reunidos en las inmediaciones de Bachillerato, subimos las mochilas al bus, algunos nos montamos en los autos y nos lanzamos en medio de la noche hacia la cordillera que dos semanas atrás robó a Marco su último suspiro.

A Marco Vera y a sus compañeros de cordada va afectuosamente dedicado el presente artículo.
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A medianoche y luego de un breve rally nocturno con Vicky al acceso a las termas de Colina, armamos el primer campamento en la desolación de "El Cabrerío". Desde los autos, desde un cerco humano de protección térmica y emocional, el viento arrastraba palabras y frases aisladas, descontextualizadas, y ocasionales estallidos de risas grupales.

Después de comer y sin aún tener ganas de dormir, salí para probar suerte con las fotografías nocturnas. Hacia el sur, el cerro Catedral con sus extensos acarreos en la base y largas paredes de mierdalita pura:
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Frente a esto, por el norte, oculta tras las paredes del Aguja Escondida, la luna sacaba brillo a las brumas nocturnas, mientras Orión nos vigilaba atentamente.
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El resto de la noche transcurrió sin novedad, con una brisa suave y constante.

A las seis de la mañana la luz en la carpa ya resultaba insoportable. Salí para despejame y tener una nueva vista del entorno:
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Comprobé que habían llegado refuerzos, aunque nuestro General seguía ausente.
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¿Qué le habrá ocurrido? ¿Habrá sido exitosa su búsqueda en el norte? Durante el día, esas preguntas seguirían esperando respuestas.

Desayunamos y comenzó el desarme. Nuestro objetivo era internarnos hacia el norte, bajando por la huella hacia el río Marmolejo y para luego volver a ascender, encaminándonos hacia el cajón del Arenas, en cuyas inmediaciones estableceríamos nuestro nuevo campamento. Los autos transportaron la mayor cantidad posible de mochilas. Otros optamos por llevarlas por nuestra propia cuenta, confiando en que la bruma se encargaría de mantenernos frescos y a punto.

Avanzaron los autos por la gran recta final hasta que los surcos del camino hicieron imposible acercar más la carga. A nuestra espalda, el bajo del camino que nos separaba de Cabrerío quedaba cubierto en niebla.
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Frente a nosotros, el cerro Arenas (4.366 MSNM) a los pies del cual, protegido entre enormes placas con las más diversas siluetas, estaba nuestro próximo y definitivo lugar de acampada.
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Descargamos y distribuímos las mochilas para continuar los últimos diez minutos de marcha, atravesando el primer nevero del fin de semana.
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Llegamos a Choriboulder y frente a la cara sur del Mirador del Morado, en los picos del noroeste, advertimos una larga y uniforme meseta nevada: el cerro Unión (3.658 MSNM).
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Antes de empezar a armar el campamento, nos reunimos para convenir en horarios y el plan de acción a seguir.
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Cucho no parecía muy convencido al respecto:
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Mientras nuestro narrador, en su tradicional vestimenta de campamento, montaba su carpa y las banderas de oración, Bea paseaba por el lugar documentando lo que ocurría:
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El suscrito, coordinador de-facto de los tres episodios de M1-2008:
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© 2008 Beartiz I. Alarcón H.

Durante la hora y media de relajo que tuvimos para prepararnos para la nieve, Bea captó la génesis de lo que en el Plomo vendríamos a conocer como un hidalgo acto de cortejo por parte de Peala'o (opcionalmente pueden usar la música para imaginar).

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© 2008 Fotografías de Beartiz I. Alarcón H., procesadas digitalmente por Nicolás A. Fuentealba S.

Caludito Allard, decano de montañismo, en una de sus habituales actividades: persuadiendo a algún incauto (en este caso a Guido, viejo conocido ya) para que le tenga almuerzo listo al regreso:
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© 2008 Beartiz I. Alarcón Hardy

A las diez en punto y bajo un cielo parcialmente despejado partimos cajón adentro. Caminamos siempre con la pared sur del Arenas y el estero Morado a nuestra derecha, mientras que por la izquierda teníamos la falda norte del Ruhillas:
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Una y otra vez el paisaje sobrecogía con el contraste entre quebradas verdes y lomas áridas, acarreos interrumpidos aquí y allá por manchones de vegetación que crecían como pecas sobre un rostro seco y curtido por el sol. Un poco más lejos, más al interior, la nieve enfríaba el viento que soplaba en dirección nuestra. Teníamos que adentrarnos tanto como fuera necesario para encontrar neveros aptos para practicar. Y mientras una vieja huella interrumpida ocasionalmente por la nieve subía con suavidad hacia el Unión, nosotros empezamos a bajar, atravesando la nieve, acercándonos al estero. De pronto nos encontramos de lleno ante la majestuosidad invernal del cajón del cerro Arenas:
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Para que la instrucción resultara mejor, nos separamos en tres grupos, uno con Claudio Allard, otro con Pelado y otro con Cucho y la Lore. Las circunstancias estaban listas y perfectas para que cada grupo aprendiera a abrir huella en nieve y pudiera practicar los distintos métodos de autodetención; por ejemplo, sin piolet:

© 2008 Lucy Titmus
Para los habitué del blog!

Segundo Acto: La Sombra en el Horizonte Hace Temblar la Tierra

(Por favor, acá pongan música)
Cada quien practicaba lo suyo y luego se descansaba compartiendo jugos, frutas secas y barras de cereal.
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La conversación estaba animada hasta que notamos un abrumador silencio en todo el entorno. La montaña se aquietó y permaneció estática, como si pudiera contener la respiración. Repentinamente un suave temblor y desde lo más alto se levantó el polvo; segundos después rodaron rocas loma abajo.

La briza susurró en mi mente la vieja tonada vaquera de más arriba y alguien anunció en el horizonte una sombra solitaria que caminaba en dirección nuestra.
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© 2008 Beartiz I. Alarcón H. Imagen procesada digitalmente por Nicolás A. Fuentealba S.

Pelado exclamó: "¡Oh! Es Dyoz, que baja a por nosotros"
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© 2008 Beartiz I. Alarcón H.

Cargaba con un gran petate a su espalda y a cada paso la tierra temblaba bajo sus pies. Si alguien le hubiera visto el aura, inmediatamente habría advertido cómo doblegaba la secreta voluntad de la montaña sin violencia alguna, sino simplemente con su mirada, con su respiración y su paso decidido. Alzó la vista a nuestras miradas silenciosas y entonces comprendimos que era EL:
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© 2008 Beartiz I. Alarcón H. Imagen procesada digitalmente por Nicolás A. Fuentealba S.
¡Encontró a Olivares!

Nos reunimos todos en torno al nuevo integrante
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Y él rápidamente tomó el mando de la situación
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Buena conversación después del reencuentro
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© 2008 Beartiz I. Alarcón H.

Y una vez que se hubo puesto el traje de supehéroe...
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© 2008 Beartiz I. Alarcón H.
...pasamos a la acción!!!
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© 2008 Fotografías de Beartiz I. Alarcón H., procesadas digitalmente por Nicolás A. Fuentealba S.
Con ustedes: Vicky, Ernesto y Bea respectivamente.

Desde luego, siempre hay formas novedosas de usar los piolet. Acá Cucho y la Lore nos enseñan una de ellas:
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© 2008 Beartiz I. Alarcón H.

Aprovechando la nieve y el día de instrucción, un equipo de maniobras invernales se puso manos a la obra confeccionando una trinchera y enterrando una botella con agua, para aprender a (no) encontrarla usando una sonda.
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Cucho, Lore, Paula, Martín y Guido

Martín ajusta la sonda para empezar a buscar la botella de agua.
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© 2008 Beartiz I. Alarcón H.

Poco después de la tres comenzamos a ordenar las cosas y nos retiramos de regreso al campamento. En el nevero donde practicamos con Pela'o se veía la huella ondulante que hicimos para subir, cortada a su vez por uno de los toboganes por los que nos lanzamos para autodetenernos.
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Dejamos a nuestras espaldas el cajón y emprendimos el regreso a casa.
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Frente a nosotros, las sinuosas faldas de los cerros nos describían la ruta de regreso y el volcán San José, lejos al oriente permanecía con su cumbre cubierta en apretadas nubes.
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Ahora a nuestra izquierda, el Arenas manchado en luz y sombra reflejaba el frenético ritmo del viento arriba en el cielo, a través de las nubes en constante cambio.
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A medida que nos acercamos, en un momento providencial las sombras cedieron y el Diedro del Mai quedó completamente expuesto, mágicamente iluminado frente a nosotros:
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Al oeste del diedro el filo dejaba entrever los neveros que aún resistían por el lado sur:
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Visto más de cerca:
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Poco a poco la nieve fue quedando atrás.
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Y paso a paso cada vez nos acercábamos más a casa.
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Choriboulder cobró vida:
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Y sobre el secador de ropa, Claudio (a.k.a. Pela'o), Paula y Alexa contemplaban la vida en el campamento y las múltiples posibilidades para escalar que había cerca:
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¿Cuál secador de ropa? Ah pues muy fácil; este:
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Con Pato nos preparamos una olla de risotto para comer, acompañado de litro y medio de ZukoGO
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Por la entrada de la carpa veíamos el viento pasar a través de las banderas de oración, transportando así las bendiciones de las mismas:
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Intermezzo: Taller de Boulder con Claudio y Claudio
El campamento parecía un pequeño hervidero de vida en tránsito. Ropa puesta a secar, cocinillas a máxima potencia secando guantes e hirviendo agua y disusiones gastronómicas entre insígnes representantes nacionales e internacionales.
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Mientras Federico y Tom se enfrascaban en un interminable debate acerca de las propiedades culinarias de las pastas tres minutos y su adecuado método de preparación, el Camarada Correa observa a la cámara y Aleix, Franck y Wladimir hacían su propia improvisación libre con la comida disponible.

¡Buen provecho!
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Terminado el almuerzo (o comida, según el punto de vista), notamos un tránsito inusual hacia las rocas detrás de nosotros. Cámara en mano, salí a ver qué podía ser lo que estaba pasando y me encontré el siguiente cuadro:
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Claudio ayudando a Katha en el boulder que más pegados nos tuvo durante la breve jornada.

Luego vino el turno del otro Claudio:
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Siguiente movimiento:
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Nico Moreno, demostrando aptitudes en su primera aproximación a la escalada:
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¿Alguien mencionó la palabra "agarre"?
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Alexa también aprovechó el impulso del momento:
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Claudio y Claudio, aistido y asistente, pura emoción (y muchas risas):
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Las rodillas sangrantes de Katha fueron la nota de color en la jornada. Laureles pa' la cabra que resultó ser la más aperrada entre todos:
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Pronto la luz se fue apagando y comenzó a entrar el frío. Al norte, encendido en tonos naranjos, el cerro Arenas se despedía de nosotros hasta el día siguiente:
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Regresamos al campamento y conversamos en círculos, protegiéndonos unos a otros del frío hasta que finalmente oscureció y cada quién decidió irse al sobre. La jornada siguiente comenzaría muy temprano y cada hora de descanso era energía adicional para llegar a la cumbre.

Tercer Acto: A las Tres a la Cumbre
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Las primeras alarmas comenzaron a sonar cerca de las tres de la mañana. Con primera capa, polar y su frontal y su característico buen humor, Ernesto se paseaba por el campamento invitándonos a salir a disfrutar la agradable luz nocturna.

Desayuné jugo, un brownie, una barra de cereal y un par de galletas. Bien abrigado y mochila al hombro, salí para formarme junto al resto y a las cuatro la primera avanzada iba ya en camino. Con Pato -con frío- y la Katha -con un ritmo que haría morir de envidia a Messner- nos integramos a la marcha, avanzando un poco más al oeste del desvío al Diedro y bajamos al estero para aprovisionarnos de agua. Reunido todo el contingente, se definió avanzar con una sola pausa a mitad de camino antes de llegar a la laguna del Morado. La nieve que ayer estaba sopeada era a esta hora una costra dura y que reflejaba impúdicamente la luz de nuestras frontales y la luz de la luna.

Poco después de las cinco y media concluía el descanso previo a la laguna y reemprendíamos la caminata. Hacia el oriente, los primeros atisbos de luz se asomaban por la cordillera nocturna:
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Enfrentamos el Mirador del Morado y el gran maciso del Morado mismo poco menos de una hora más tarde. La luz se había apoderado del cielo perfectamente despejado y entonces fue cuando el frío comenzó a arreciar.
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Con ustedes: Isa (con orejeras -excelente detalle) y Tamara

Un poco más atrás, Paloma lideraba la cordada que integraba junto a Rodolfo y Felipe:
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Pronto llegamos a las inmediaciones de la laguna y los que aún no nos poníamos las polainas ni los guantes de nieve aprovechamos para hacerlo.
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Los que ya estaban preparados capeaban el frío acompañándose unos a otros, como lo hacía el Club del Frío:
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De izquierda a derecha: Alexa (sin mirar a la cámara), Tamara, Juaco, Isa, Lucy, Gusa y Dani; con parka amarilla "la tía Ruth" y enmarcando la foto por la derecha, la Sofi.

Desde ahí hasta la cumbre, se encargaron de abrir la huella Pela'o y Nelson, en un ascenso que comenzó gélido y al cabo de escazos minutos ya nos tenía a todos más traspirados que en baño turco. De ahí la notable intervención de Claudio a viva voz mientras abría huella: "¡Que responda el que tiene calooooor!". El "¡Yo!" de respuesta fue al unísono y contundente.

Sin más apoyo que el piolet y en máxima concentración, especialmente cuando cambiaba el lado que usábamos para subir, a las nueve de la mañana nos encontrábamos en una terraza a pocos metros de la cumbre y separados de ella por una suave pendiente plagada de pequeños penitentes.
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Al fondo el glaciar que conduce a los cerros Punta Saavedra y Mesón Alto, por el oeste, y Yamakawa, Cortadera y Loma Larga por el este.

Las primeras impresiones de la cumbre:
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Rosita, Sven y Trini, de izquierda a derecha.

Premunido de la infaltable bandera chilena Ernesto lideró el ¡Viva Chile! seguido de un muy sentido ¡Viva Coyhaique! no sin antes decir emocionado algunas palabaras para recordar a Marco:
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Fotos de cumbre:
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El suscrito y su cordada, Pato; en la foto central Lucy y Anne sentadas, junto a Thomas, Juaco y Gusa detrás de ellas; y Franck con la sección sur del cajón del Arenas a espaldas suyas.

Foto de cumbre con la Vicky y de fondo los cerros Catedral y Puntiagudo:
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Más de alguien se preguntará si desde ahí se veía o no el campamento. Pues bien, desde el extremo sur de la cumbre la vista era la siguiente:
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Aguzando la vista y siguiendo el trazado de la huella, se podían distinguir a lo lejos pequeños puntos de color:
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¡Indiscutiblemente el Choriboulder!

Ahí en la cumbre también nos enteramos del desconocido oficio fotográfico de Ernesto. ¿No me creen? Pues vean la siguiente foto:
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© 2008 Lucy Titmus

La mitad de la tarea estaba cumplida. Ahora faltaba la otra parte: ¿cómo diablos bajamos de ahí? Se escuchó la expresión "potocross" y después de los correspondientes deslizamientos para reconocer si el nevero aguantaba o no, empezó la fiesta. Desde abajo el carnaval era el siguiente:
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Desde lo alto, la cosa se veía más extrema, más entretenida:
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© 2008 Lucy Titmus

Lucy captó bien el descenso de Rodolfo. Ahí les va:
© 2008 Lucy Titmus

Las instantáneas del mismo fueron dignamente captadas por vuestro servidor:
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Y este es el momento en que al pararse, la nieve se le mete por detrás del pantalón:
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¿No es acaso una expresión evidente?

A pocos metros Tom llegaba donde nosotros sin percances:
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En resumen, lo que nos tomó bastante más de una hora de ascenso, lo bajamos en menos de 5 minutos del más absoluto frenesí invernal. Reunidos todos abajo, nos volvimos a deslizar por un nevero más corto y luego debimos continuar caminando. Eso no significa que a la ocasión le faltó mas acción, porque lo que empezó como simpáticas bromas con nieve terminó en un anárquico duelo multilateral de bolas de nieve. Pelado y Dani tomaron sana distancia del mismo para darle a la buena conversa:
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Y este corresponsal fue captado muy contento después de una excelente jornada:
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Epílogo

Era cerca de la una de la tarde cuando el grueso del grupo regresaba a Choriboulder y debíamos desarmar el campamento rápido porque el bus nos estaría esperando en Cabrerío a las dos.
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Luego de reportar nuestro exitoso regreso en el retén de San Gabriel, continuamos a toda velocidad hacia nuestro próximo objetivo: las empanadas de "El Pelao" en El Manzano:
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© 2008 Beartiz I. Alarcón H.
Reunidos en torno a cantidades industriales de empanadas y bebidas, recordamos lo que habíamos compartido en el cerro, repasamos parte de la historia detrás de la tradición de pasar a comer donde El Pelao e imaginamos los proyectos que nos aguardaban dentro de algunas semanas más.
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© 2008 Beartiz I. Alarcón H.
De izquierda a derecha: Claudio, Pato, el suscrito, Martín y Paula

Así fue como transcurrió el tercer episodio de nuestro anómalo sambullido al montañismo entre agosto y diciembre del 2008. Le sacamos trote a los piolet, nos conocimos un poco más, un poco mejor y lo pasamos bien haciendo lo que nos gusta hacer, con la gente con quien nos gusta compartir.
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© 2008 Beartiz I. Alarcón H.

Agradecimientos:
  • A Claudio Allard, gracias a quien fue posible realizar satisfactoriamente esta salida a pesar de no haber contado desde el principio con la presencia física de nuestro hermano mayor; a Claudio Suau, la Vicky, Cucho, la Lore, Guido, Nelson, Martín, Paula, Felipe, Sven y, en general, a todos "los viejos" que nos acompañaron y apoyaron ese fin de semana para que la salida resultara ser el éxito que fue. A todos ustedes ¡un millón de gracias!
  • A los concurrentes quienes, a pesar de las muchas dificultades y correos de presión, se atrevieron una última vez a confiar en el resultado de otra actividad "no oficial"; a cada uno de ustedes venga mi mas sentido agradecimiento.
  • A Bea Alarcón y Lucy Titmus por sus hermosos aportes fotográficos y registrales, sin los cuales este artículo sería bastante menos de lo que intenta ser.
  • Finalmente a nuestro hermano mayor, Ernesto, por su apoyo, confianza y preocupación por hacer las cosas bien y que nos demostró a través de los distintos episodios espontáneos que nos marcaron de septiembre a noviembre, cuán importante es aprender a confiar y pelearla hasta el final. ¿Rendirse? ¡Jamás!
  • Y ¿cómo no? a usted mi buen lector, que se ha dado la lata de llegar hasta esta línea de la crónica ¿realmente no tiene nada mejor que hacer? Salga a subirse un cerrito mejor, seguro que vuelve con una buena historia para contar! Gracias por darse el tiempo de leer y déjese un comentario no más!

Saturday, November 22, 2008

De Soles, Viento y Granizo: Trekking por Yerba Loca

Llevábamos algún tiempo dándole vueltas a la idea de hacer la travesía del San Ramón y acordamos realizarla una semana después de la memorable salida al Provincia con la gallá de M1. Sin haberlo sospechado, importantes circunstancias médicas nos jugaron una mala pasada que finalmente nos obligó a suspender la aventura por la serranía.

A pesar de ello, hubo quienes me dijeron que fueramos a hacer un cerrito por el día, después de Halloween, lo cual resultó en un excelente trekking por Yerba Loca junto a Cucho y Willy. Así fue como partimos al camino a farellones Cucho al volante, Willy como embelezado copiloto y yo documentando la salida desde la cómoda amplitud del asiento trasero. Con ustedes, don Willy:


La misteriosa Ermita poco antes del control de Carabineros:


Después de reportarnos en la entrada del parque y revisar exhaustivamente los mapas disponibles ahí, buscamos un lugar para estacionar y nos lanzamos cajón adentro, a ver si alcanzábamos las cascadas de hielo.
Bajo un cielo completamente despejado, poco a poco dejamos atrás los campamentos repartidos entre los árboles y praderas de Villa Paulina.

Bien al fondo, en la sierra, el Punta de Damas y el San Ramón coronados con nieve.

En algún punto del cordón que nos flanqueaba por el oeste, permanecía oculta a nosotros la cumbre del Manchón.

La huella a veces nos dejaba bien cerca del estero y luego se perdía entre matorrales y rocas subiendo por la ladera, pero la pendiente era siempre suave.


Repentinamente se alzó ante nosotros un enorme triángulo de roca y neveros imperturbables. Era la inconfundible cumbre del Altar:

Willy y Cucho para sus fans:


Hacia el sur, Villa Paulina quedaba ya oculta tras una ladera mientras la cumbre del Provincia emergía por el norte de la sierra:


Adentrándonos más, el camino poco a poco se nos empezó a mojar, hasta que derechamente la huella empezó a discurrir por una vertiente: Agua Larga.


Y aunque pueda ser innecesario decirlo, caminar en el agua es bien entretenido. Hacia atrás, este era el camino por el que acabábamos de transitar:


En resumen:


¿Y cómo sabía que se llamaba "Agua Larga"? Pues muy sencillo:


En las faldas del Manchón, un camino corre paralelo al estero, atravesando un acarreo. Más arriba, enormes formaciones en las rocas parecen disimular las terrazas de un spa prehistórico.


Pronto nos encontramos el primer nevero en nuestro camino, aparentemente cruzado sobre el mismo estero.


Seguimos la marcha mientras en nuestra dirección venía un arriero porteando equipo de algún grupo que seguramente estuvo intentando La Paloma o el Altar


Al oriente, las rocas cada vez más escarpadas ocultaban en sus múltiples hendiduras los secretos cursos de agua que alimentan el estero Yerba Loca:


Frente a donde vimos el primer rastro de nieve, el camino subía un poco. Ahí tuvimos una buena impresión general de cuánto nos quedaba aún por seguir recorriendo.


Después de marchar por algo más de hora y media, acordamos hacer un alto para tomar jugo, comer piñas confitadas y maní.

Desde luego, aproveché para ir a investigar cómo diablos era eso de la nieve sobre el estero. Lo primero en aparecer fueron los musgos y las rocas humedecidas:


Luego el nevero:


Las primeras nubes de la jornada empezaban a hacer su aparición por el oeste:

Retomamos el sendero después de un descanso razonable y nos fuimos internando por un sector cubierto en gruesas lajas, siempre bajo la silenciosa vigilia del Altar, exactamente frente a nosotros:

En lo alto, más deshielos:

Cuarenta minutos después de nuestra última parada, alcanzábamos
una larga vega adornada por una roca relativamente grande y otras similares. Supusimos que era Piedra Carvajal:

Ya era el mediodía y no sentíamos estar ni medianamente cerca de las cascadas de hielo. Tampoco venía gente de regreso como para preguntarles a qué distancia nos encontraríamos. Acordamos seguir caminando hasta que nos diera la hora para regresar. Y paso a paso, vegetación, cielo y rocas fueron cambiando...


Mi foto preferida de la jornada. Es difícil decir
exactamente dónde o cuándo es que el paisaje cambia. Pero es cierto que cambia: Nada permanece igual por mucho rato y el cajón se hacía más estrecho, más desolado. Las laderas donde antes abundaban los arbustos eran ahora una secuencia de tradicionales acarreos cordilleranos oscurecidos por las cada vez más frecuentes nubes.

Otra vega más se abría delante de nosotros, ocultando tras de sí la huella en un jardín de rocas. A alguien con sentido escenico, pero sin mucha preocupación por lo que pueda hacer el viento, le pareció que ahí era un buen lugar para poner su campamento base.




Era poco después de las doce y media y nos cruzamos con una pareja que venía de vuelta:

N: ¡Hola! ¿Qué tal?
Ellos: Todo bien, aunque harto viento a esta hora ¿y ustedes?
N: De trekking, viendo si podemos llegar las cascadas o al glaciar. ¿Falta mucho?
E: Les quedan unas dos horas de caminata y se van a encontrar mucha nieve. Si se meten por el glaciar van a estar con nieve hasta más arriba de la rodilla. Nosotros ya vamos de vuelta al campamento en Villa Paulina. ¡Suerte!

Sería todo.

Convenimos en avanzar hasta unas piedras grandes que nos dieran protección del viento para poder comer tranquilos y luego regresaríamos. Esta fue la última foto que tomé de ida hacia el Altar. A la izquierda se asoma el plateau nevado del glaciar la Paloma, la otra cumbre importante del sector.

Me llamó particularmente la atención el enorme gendarme de la derecha, que parecía resistirse a ser cubierto.

Regresé a la roca donde Cucho y Willy empezaban a sacar las cosas para almorzar. Hice lo propio con mi anafre y el arroz oriental que llevé para la ocasión. De postre, piñas confitadas.


Willy nos compartió hallullas con palta, que acompañamos con el excelente salamín Llanquihue que nos quedó de la semana pasada.


Recargadas las energías y cambiadas las poleras, nos preparamos para el regreso. El viento corría cada vez con más fuerza y sobre nosotros el cielo se había cubierto completamente. Me abrigué adecuadamente para lo que estaba por venir y después de la siguiente foto para mis fans, empezamos a caminar para volver a entrar en calor:


A pocos minutos de caminar, las primeras gotas empezaron a caer. Cuando alcanzamos la última vega que habíamos cruzado, la lluvia era persistente:


Atrás, hacia el norte, quedaban ocultos ya la Paloma y el Altar. Perdido ahí entre las rocas, permanecía también el lugar donde almorzamos:


Bajando un poco más adelante de la última vega, las gotas de lluvia se fueron haciendo más gruesas y blancas. Ahí con Cucho nos dimos cuenta que en realidad era granizo.



El resto del regreso fue una excelente carrera. Willy había llevado un polar, por lo que rápidamente se nos adelantó mientras con Cucho documentábamos las circunstancias.

El barro empezaba a ser la regla general a todo lo largo de la huella y decidimos irnos sin pausas, directamente de regreso hasta el auto.

A poco de regresar a Villa Paulina, volví a tomar una foto del valle frente a nosotros:


Donde antes el sol brillaba con total fuerza, ahora el agua hacía reverdecer las hojas y hierbas.

Finalmente nos reencontramos los tres en el auto, compartimos jugo y chocolates y emprendimos el viaje de regreso. Hacia Santiago, todo empezaba a verse más claro:


El puesto de empanadas cerca de Carabineros estaba cerrado, pero en el kilómetro 3 o 4 había una casa donde nos aventuramos a pasar a probar la mano: Buenas empanadas y buen pan amasado.

En la terraza nos tomamos la foto grupal de rigor. Con ustedes, el trío del apocalípsis:


Excelente salida por el día; 100% recomendable y dificultad técnica cero.

* Agradecimientos: A mis cordadas Willy y Cucho, quién además se puso con la movilización para esta salida; y al Encargado de Producción, que nos regaló el siempre increíble viento cordillerano, la lluvia y el granizo.